ATRACTIVOS -HISTORIA-GALERIA-SUS GENTES-QUE HACER vs.
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| A muchos de los que venimos por primera vez a San Agustín nos debe ocurrir la misma experiencia. El gran legado arqueológico no se encuentra reunido en un solo lugar, sino que muy por el contrario se esparce por alrededor de más de 500 kilómetros cuadrados. No basta un fin de semana con día feriado y talvez hasta una semana pueda quedar corta para visitar cada una de las reliquias Patrimonio de la Humanidad que se ubican en este rincón del sur colombiano. | | Los parques arqueológicos de San Agustín, del Alto de los Ídolos y del Alto de las Piedras, estos últimos en el vecino municipio de Isnos, conforman los principales puntos donde el turista puede apreciar la mayor cantidad de arte monumental y funerario. Imperan todo tipo de tumbas, con estatuas talladas en piedra de gran volumen –algunas con más de cinco metros de alto- y varias toneladas de peso.
| | Es, diríase, sólo la mitad del tesoro agustiniano. Los sitios de La Pelota, El Purutal, El Tablón y La Chaquira le aguardan al visitante con agradables sorpresas. Cuando uno cree haberlo visto todo, cada lugar rompe la imaginación con algo nuevo y único, y los ojos parecieran no colmarse jamás. | | Y el estrecho del río Magdalena, y su valle, y la laguna donde nace. Y los sepulcros de Obando, y las cascadas de Bordones y Mortiño. Podría quedarse uno a vivir en estos terrenos ancestrales y nunca se terminaría de descubrir. El asombro humano aquí es inagotable. San Agustín es un mundo distinto, al que no estamos acostumbrados y el cual se debe recorrer con paciencia, para el pleno deleite de los sentidos y el espíritu. Acercarse a cada lugar sagrado es ya una experiencia. Algo ocurre al interior de nuestro cuerpo con tan sólo arrimar a una entrada y observar a lo lejos las esculturas. | | Encontrarse frente a frente con jaguares, aves y serpientes eternizados en moles de piedra, mirar directamente a los ojos de los guardianes y chamanes de las tumbas y pisar los terrenos milenarios de la cultura agustiniana es trascender a otra esfera. Y no exagero. Quien quiera abrir la mente y penetrar en cuerpo y alma a San Agustín cambiará toda su visión acerca del Universo. Incluso descubrirá que la piedra tiene vida propia, que el valle habla y que el Magdalena ruge. También existe otro recorrido, en el que como en un museo se observa, se admira y se sale. Aquí recomendamos el primero. | GALERÝA
| | | | Balcones de la Hacienda Hostal Anacaona. | Camino de piedras en el Parque Arqueológico de San Agustín. | ¡Una calavera! en el sector de La Chaquira | Chamán en policromía. Sector de El Purutal, San Agustín. | | | | | Chamán o deidad en policromía. Sector de El Purutal, San Agustín. | Deidad central con niño en brazos. Paraque Arqueológico de San Agustín. | Dolmen con guardianes que sostienen hachas. Parque Arqueológico de San Agustín. | El poder de La Chaquira | | | | | Elaboración de lámparas con fique y totumo | Entierro primario con sarcófago, para la alta jerarquía. Parque Arqueológico de San Agustín. | Santuario de El Tablón San Agustín. | Estatua en el Alto del Lavapatas. Parque Arqueológico de San Agustín | | | | | Estatuario Mesita B. En primer plano, El Partero. Parque Arqueólogico de San Agustín. | Estatuario sector de La Pelota, San Agustín | Estatuas en el Museo Arqueológico de Obando. | Nacimiento del río Magdalena, en el |
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| | De lámparas de totumo y manillas de marihuana |
| San Agustín, San Agustín, San Agustín…, es tierra de todos y para todos. Sorprende al caminar por sus calles coloniales descubrir tantos ojos y cabellos pertenecientes a otras zonas del país o incluso de Latinoamérica o el mundo. A los extranjeros les encanta y a los nacionales nos fascina. Cualquiera puede encontrar una razón de peso para quedarse a vivir aquí. Puede decirse que todo agustiniano es un artesano. Pero a su vez un operador o gestor turístico. Muchas personas encuentran su sustento ofreciendo distintos servicios de guía a todos los atractivos turísticos de la zona, de alquiler de caballos y transportes y hasta de hospedaje y alimentación. He aquí algunas de sus historias. | | Radiante y fresco gracias a una buena ducha de agua fría, salí del Hostal Anacaona por la ruta que va hacia el pueblo, cámara en mano. Agradables sorpresas me depararían los siguientes días, y lo sentía. Lo sabía. Medio kilómetro adelante un artesano trenzaba tiras de fique mientras otro pulía unos totumos. Entre juntos arman unas lámparas originales, muy bellas. En San Agustín es característico esta clase de oficio en el que se utilizan materiales autóctonos para la fabricación de muebles, elementos para el hogar y diversos accesorios. Los comedores de Anacaona, por ejemplo, son de mimbre y en sus habitaciones reina la guadua. | | Trabajaban en el recibidor de su humilde casa. A su lado, un gran rollo de fique y otros retazos se hallaban dispersos. Uno de ellos, un joven muy tímido, con las palabras suficientes me enseñó la parte trasera de su vivienda donde se guardan decenas de metros de fique en proceso de secado. Más tarde me enteraría de que él hace parte de una casta de reconocidos artesanos y que dos de sus familiares, también en el oficio, son ciegos. Seguí mi camino. Dos “locos” –o “parceros”, como llaman en varias regiones de Colombia-, me interceptaron al notar que tomaba fotografías. Los dos son de cabello largo y apariencia hippie, y llegaron a San Agustín hace dos meses. Uno es peruano y el otro paisa. Se conocieron en la carretera, “echando dedo” –el famoso “auto stop”-, y ahora tejen manillas y collares con todo tipo de materiales, principalmente de semillas secas. | | Conocí su historia porque el peruano quería que le comprara un manilla hecha de fibras de marihuana y de paso, conseguir unos pesos para una botella de guarapo. Me sentí impulsado por su textura verde y la idea tonta –para mí rebelde- de alardear de la manilla en mi muñeca. No lo hice. Preferí guardar el dinero de las compras para después y por lo pronto me aguardaba la primera sesión del Congreso Internacional de Turismo Arqueológico, en Hotel Yalconia. De todas formas pensé que era muy temprano para beber. | | | A la salida del Yalconia, un par de ancianas se encontraban sentadas en el andén. A su lado exhibían varias artesanías mal organizadas. Gerardina Hoyos estiró la mano y me ofreció una pequeña piedra grisácea que lucía una lagartija hecha de algún material maleable, parecido al plástico. La secundó su compañera, María Aurora Cerón, quien a dos manos desenvolvió con agilidad una tira de pequeños figurines en yeso, réplicas del estatuario de San Agustín. “Son como para un pesebre”, pensé. Una docena por apenas cinco mil pesos, moneda corriente. Sin embargo, su talento como negociante lo echó a perder cuando metió la cabeza entre sus piernas al vérselas frente a frente con mi cámara. Gerardina sí resultó muy fotogénica. Y una excelente vendedora. Desembolsillé diez mil pesitos, moneda corriente. Vender artesanías es una forma más de rebusque para ellas, porque la vida no les es fácil. Viven en una casa pobre a las afueras del pueblo. A veces trabajan el campo, que es mucho decir. Más bien, una pequeña parcela. Sus sobrinos Jesús Albán Jiménez y Pedro Nel Jiménez fabrican las artesanías. O las consiguen por canje, o las compran y las revenden. Todo se vale. | | |
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